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Que tanto puede sobreprotegerse a un niño

Proteger a nuestros hijos es un asunto vital, el deseo  de cuidar,  amparar  se activa instintivamente en el momento que  nos convertimos en padres. Al sostener en tus brazos a  tu pequeño, meditas en  lo chiquito,  desvalido  frágil que es, en la necesidad que tiene de tus cuidados y atención.  Desearías que  nunca le pase nada malo, ni siquiera que el  viento le roce. Nos acercamos a su naricita para ver si respira,  tocamos sus manitos para sentir si están abrigadas, le ponemos la ropa más suave y calientita para que este cómodo. Cuantas veces hemos dicho, que sufra yo, pero mi hijo,  no.   Que  dolor tan grande si al nene le duele algo o está sufriendo por cualquier situación.


 

Que no tenga frio cuando salimos a pasear, que este hidratado si hace calor. Que el agua de su baño este tibiecita.  Si comienza a gatear, nos preocupamos de tapar los tomacorrientes para que no meta su dedito y de levantar las cosas con que se puede hacer daño. Que su comida este a la temperatura adecuada, que no se vaya a hacer daño en el parque,  en la resbaladera o el columpio. Ni que decir, si,  otro niño le tira del cabello, le rasguñe, o le golpee..

¿Protección o sobreprotección?

Si bien la protección es totalmente necesaria, ¿Qué sucede cuando esa protección se vuelve excesiva? Puede convertirse en un  limitante  y generar una dependencia emocional  perjudicial para el niño. 

El pequeño, necesita su espacio,  independencia y autonomía, y así como cuidamos de él, debemos aprender a dársela, permitir que alguna vez se caiga, que pueda ensuciarse con tierra en el jardín, que cuando coma se riegue la sopa.  

Como padres debemos aprender a que no podemos intervenir en cada situación dificultosa o problemática por la que  pasan nuestros pequeños, pues el aprendizaje se trata de eso, de afrontar los desafíos de acuerdo con su edad, permitiendo su normal desarrollo.

Pero hay ocasiones en las que se  ofrece una excesiva  protección, mayor que  la  necesaria para garantizar la seguridad y el bienestar de su hijo, cayendo en el mimo excesivo sin percatarse de ello. 

¿Te consideras un padre o una madre sobreprotector?

De alguna forma,  todos los padres sobreprotegemos a los hijos, en particular  en ciertas situaciones, pero si esta actitud es  recurrente, debemos preguntarnos si estamos dentro de alguno de estos parámetros : 

  • Nació tu chiquitín, luego de mucha espera. 
  • Tiene alguna enfermedad o discapacidad.
  • Tu personalidad es controladora.
  • Te hace sentir adecuado  o significativo 

La sobreprotección se disfraza de muchas maneras, y aunque tu hijo ya tiene la edad suficiente, aún:

  • No dejas que gatee para que no se ensucie. 
  • No permites que juegue en la naturaleza, que suba a un árbol, que se moje en la lluvia, y empleas continuamente la frase:  si haces eso… te pasará lo otro… 
  • Le vistes, le pones los zapatos, le das de comer en la boca, le acompañas al baño.
  • Contestas por él, cuando otra persona le pregunta algo. 
  •  Justificas siempre sus equivocaciones. 
  • Asumes sus responsabilidades, como  hacer sus tareas. 
  • Te sientes responsable por todo lo que le pasa. 
  • No pones limites a sus exigencias.  
  • Te anticipas a satisfacer  cualquier necesidad o demanda antes de que te lo pida. 

La presencia constante de los padres, la cercanía, el amor que se demuestra, el respeto, son los pilares básicos para la crianza, al igual que  protección. Con dedicación  y cariño  podemos  conseguir hacer un buen trabajo,  sin sacrificar aspectos tan valiosos en su desarrollo, como la adquisición de autonomía, su responsabilidad, su tolerancia a la frustración, sin entrar en el campo de la implicación emocional tan intensa y excesiva que se convierte en control.   

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